TRIBUNALES DE INSTANCIA Y LA VERDAD DE UNA VERDADERA JUSTICIA OPERATIVA Y MENOS BUROCRATIZADA.
NECESIDAD DE UN CÓDIGO PROCESAL ÚNICO
Hago muy gustoso este pequeño comentario para este blog, como siempre de una manera desinteresada y con una crítica sana que me dan más de 40 años como funcionario al servicio de la Administración de Justicia.
He visto muchos intentos, con abundante palabrería, de cambios, de modernidad, de futuro…y ahora con la entrada en vigor (ya producida) de la Ley Orgánica 1/2025, de 2 de enero, de medidas en materia de eficiencia del Servicio Público de Justicia, nuevamente se repiten una y otra vez esa etiqueta decimonónica y repetida de aquéllas palabras que, en realidad, no aportan nada nuevo si no una transformación, en realidad no tan profunda cómo se traslada a la opinión pública.
Desde mi experiencia la verdadera revolución en la Administración de Justicia se produjo siendo Ministra la Sra. Mariscal de Gante, con una transformación real, necesaria y de justicia, esa reforma consistió en la grabación de los actos judiciales, especialmente las vistas de los juicios. No podía haber mayor fe judicial que una grabación en video y en audio, o al menos de esta última.
Después de esa reforma vino el pacto entre todos los partidos por la reforma de la oficina judicial, estableciéndose lo que se denominaron servicios comunes para la tramitación de los diversos procedimientos por los funcionarios encargados de dicha labor (cuestión nada baladí porque de esa tramitación dependía, y mucho, que un asunto caminara a paso de tortuga y otro igual con otros funcionarios fuera a una velocidad incluso acortando los plazos establecidos en las propias leyes procesales). Esa reforma de creación de servicios comunes en aquélla época se llevó la cabo en sitios o Juzgados muy concretos, si bien en los mismos se estableció una unidad de apoyo para cada Juez (a su lado por decirlo de alguna manera), pues los Juzgados seguían existiendo de la misma manera, y esos efectivos de personal restaban mucho a los servicios comunes que era donde se producía realmente el trabajo de tramitación y de ejecución de lo ya resuelto.
Ahora se ha dado el paso, que se pedía a gritos, no es que sea una novedad que se le ocurra a alguien ahora de repente y que se cuelgue no sé cuantas medallas, y esa novedad no es otra, en resumen, que suprimir aquéllas unidades de apoyo directo al Juez y todos sus efectivos incardinarse en los servicios comunes. Así de sencillo, puesto que si bien se suprimen los antiguos Juzgados con sus respectivos números, los Jueces siguen llevando el trabajo que por turno les corresponda, como antes, no ha cambiado en ese aspecto nada en cuanto a ellos, no habrá número de Juzgados pero sí Juez al que pertenece resolver un determinado asunto. Lo beneficioso, y eso hay que decirlo, es que en el futuro no habrá que crear Juzgados nuevos con todo su personal funcionarial, basta crear sólo plazas de Jueces, Letrados, Gestores, Tramitadores o Auxilios Judiciales.
El problema que puede plantearse, al menos durante un periodo no determinado, es una desorientación y cúmulo de asuntos entre funcionarios y con sus diversos y distintos trámites.
Sin embargo, en mi opinión, la verdadera reforma, no de futuro o de algo extraordinario que alguien así lo valore por puro interés político, sería algo tan sencillo como la simplicidad. Eso que tanto cuesta a los responsables políticos afrontar, al menos así me lo parece, y que favorecería el trámite, la agilidad, la adaptación informática…daría, en resumen, menos problemas de pérdidas absurdas de tiempo de carácter meramente instrumental, me refiero al CÓDIGO PROCESAL ÚNICO.
Es fácil de entender que para llegar a un lugar (a una resolución judicial rápida o de un tiempo que no se haga interminable) requiere una especie de carretera recta y de la que no salgan multitud de salidas que despisten al conductor. Y es que hoy tenemos decenas de procedimientos distintos para cada cosa y ya no sólo dentro de una misma jurisdicción sino que dentro de cada jurisdicción hay sus propios procedimientos distintos de las demás.
Si observamos, por ejemplo, lo que es objeto de este blog, la jurisdicción voluntaria…cuántos expedientes distintos con sus normativas comunes primero y luego especiales para cada uno. Y eso sólo en una pequeñísima parcela del proceso civil, ahora abarquemos todos los demás procesos civiles diferentes, los diferentes también procesos sociales, los de contencioso administrativo, los de mercantil…carece todo de sentido y hace que los sistemas informáticos sean también complejos.
Mientras no se aborde esta cuestión con seriedad, no habrá una reforma de verdad que mejore para los ciudadanos el acceso a la justicia y su cercanía. El ciudadano no quiere palabrería sino resolución rápida de sus casos, y una atención personal real, ya no digo personalizada en un sistema informático frío.
El corolario final y para mi fundamental también es un trato personal y de apertura real a los ciudadanos, y que cada funcionario tenga la conciencia de una atención cercana, buscando soluciones y no despachándose con cosas carentes de sentido para la persona a la que se atiende, mientras no se mire todo desde esa situación real todo será un discurso falaz. Muchas cosas dependen, y mucho, de ese trato también y los funcionarios deben tener en su conciencia y en su aplicación esa tarea humana que es más importante que la propia ley fría.
El CÓDIGO PROCESAL ÚNICO debe ser, por otra parte sencillo, lógico, con muy pocos procedimientos (tres a lo sumo iguales para todas las jurisdicciones). Facilitaría su aprendizaje, con independencia de la jurisdicción en que trabaje un funcionario, y el sistema informático igualitario haría el resto. Cuánto tiempo se pierde en aprender la multitud de procedimientos existentes hoy en día, la dificultad de trasvase de una jurisdicción a otra de funcionarios y la complejidad, por tanto, del sistema informático.
A veces me pregunto ¿por qué las cosas más sencillas y más útiles para todos, no se abordan? LLevo haciéndome esa pregunta mucho tiempo dentro de una justicia muy burocratizada y, con pena, muchas veces asistiendo a un trato humano muy mejorable, que sobrepase la norma y busque soluciones dentro de ella, soluciones que sean visibles para el ciudadano y ese trato que tanto se merece humanamente.
(Aladino Garmón Cadierno, exletrado de la Administración de Justicia)